Villistas culpan al carrancismo de la intervensión extranjera

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22 de agosto de 1915. Los constitucionalistas, fieles a su costumbre de difamar, culpan hoy a Francisco Villa y a los zapatistas de abrir la puerta a la intromisión extranjera en México.

En su periódico oficial, El Pueblo, publicaron con tono adulador un telegrama atribuido al Centauro del Norte, dirigido al secretario de Estado norteamericano Robert Lansing, donde —según su versión— Villa aceptaba la mediación del grupo ABC y de Estados Unidos.

No obstante, esta publicación no fue más que un episodio más de la guerra propagandística carrancista, dedicada a forjar lo que el historiador Friedrich Katz llamó la “leyenda negra” de Villa. El propio diario admitió que el texto contenía errores y párrafos ininteligibles, justificándolos con supuestas fallas en la transmisión telegráfica. En realidad, se trataba de una estrategia para confundir, tergiversar y restar legitimidad a las acciones del ejército convencionalista.

La postura villista: soberanía y elecciones libres

En el telegrama, Villa dejó claro que el Ejército Convencionalista era lo suficientemente fuerte para seguir luchando en defensa de los ideales revolucionarios. Al mismo tiempo, manifestó que, en aras de la paz inmediata y en reconocimiento de la buena voluntad de los países latinoamericanos, estaba dispuesto a escuchar sus oficios. Pero fue categórico:

“Los jefes militares y civiles afiliados al ejército convencionalista están dispuestos a establecer en México un gobierno provisional que garantice elecciones libres, y nosotros no tenemos interés en elegir persona determinada”.

Con estas palabras, Villa reafirmaba que su lucha no buscaba imponer caudillos, sino abrir paso a la voluntad popular.

Los carrancistas, señalados por provocar la injerencia

La Convención Revolucionaria, reunida en Toluca el 19 de agosto, denunció que la verdadera responsabilidad de la intromisión extranjera recaía en Carranza y su facción. El villista Dionisio Marines Valero lo expresó con dureza:

“Tienen mucha culpa los carrancistas… tienen la culpa de que naciones extranjeras nos vengan a poner en paz, como un vecino viene a poner en paz a los chiquillos que no saben conducirse”.

Reconocimiento internacional: un campo de batalla más

La historiadora Victoria Lerner ha señalado que, entre 1914 y 1915, todas las facciones revolucionarias buscaron el reconocimiento de Estados Unidos, conscientes de que ese respaldo podía inclinar la balanza. Pero también subraya que tanto Villa como Zapata, en su estancia en la Ciudad de México, habían rechazado cualquier injerencia extranjera, manteniendo en alto el principio de soberanía nacional.

Mientras Carranza apostaba por el descrédito y las maniobras diplomáticas, Villa resistía en dos frentes: el campo de batalla y el de la opinión pública. Su causa seguía siendo la misma: la defensa de los ideales revolucionarios y el derecho del pueblo mexicano a elegir libremente a sus gobernantes.

Por PanchoVillaMx