Obregón avanza: la División del Norte resiste en retirada
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En los últimos días de julio de 1915, el conflicto entre constitucionalistas y villistas alcanzaba un punto decisivo. Tras una serie de enfrentamientos en el Bajío, el general Álvaro Obregón consolidó su supremacía militar sobre las fuerzas de la División del Norte, marcando el principio del fin para el ejército comandado por Francisco Villa.
El 31 de julio, tropas carrancistas desalojaron la retaguardia villista, que intentó retrasar el avance enemigo mediante sabotajes estratégicos a las vías y puentes del ferrocarril. Obregón relató este episodio en su libro Ocho mil kilómetros en campaña, desde una óptica que mezcla táctica, control y narrativa de victoria.
“Nuestros trenes lograron llegar a los puentes que estaban ardiendo, cuando todavía éstos se encontraban en condiciones de permitir su paso… La marcha se continuó sin interrupción”, escribió el sonorense, destacando la rapidez con la que se superaron los obstáculos colocados por los villistas.
En respuesta, Francisco Villa, desde el norte del país, instruyó a los generales Rodolfo Fierro y Canuto Reyes para frenar el avance carrancista con tácticas de hostigamiento. La llamada “Brigada Fantasma” incendió puentes y destruyó tramos ferroviarios, generando daños temporales que, sin embargo, no lograron contener por completo a las fuerzas de Obregón.
A pesar de la valentía y tenacidad de los villistas, la superioridad logística y el abastecimiento carrancista inclinaron la balanza. Durante agosto, numerosas deserciones debilitaron aún más a la División del Norte. No obstante, Villa no se rindió. Abandonó la guerra de posiciones y dio paso a una nueva etapa de lucha: la guerra de guerrillas.
Esta jornada marcó un hito en el declive del villismo como fuerza militar organizada, pero también el inicio de una fase más dispersa, menos predecible y profundamente marcada por la figura indomable de Francisco Villa, quien jamás depuso las armas ni abandonó sus ideales revolucionarios.
Por PanchoVillaMx