La Pirámide Circular de Cuicuilco
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Bajo el cielo siempre cambiante del Valle de México, entre el bullicio urbano del sur de la capital, se alza una mole silenciosa que guarda secretos más antiguos que Teotihuacán: la Pirámide Circular de Cuicuilco. Su forma sorprende al primer vistazo, porque desafía la geometría habitual de las pirámides mesoamericanas.
No es un templo escalonado que imita montañas, ni un vértice que apunta al cielo; es un gigantesco tambor de piedra volcánica, como una colina domesticada por la mano humana. Con aproximadamente 120 metros de diámetro y 25 metros de altura, en su tiempo fue una de las construcciones más monumentales del continente.

El asentamiento de Cuicuilco floreció hace más de dos mil años, en una época en que las aldeas agrícolas del valle comenzaban a transformarse en centros urbanos. La pirámide, erigida en varias etapas, fue el corazón ceremonial de una ciudad que llegó a concentrar decenas de miles de habitantes, rivalizando culturalmente con el poder emergente de Teotihuacán.
Allí, sacerdotes y líderes comunitarios dirigían rituales relacionados con el fuego, la fertilidad y la renovación del cosmos, siguiendo un calendario que dependía del sol y del ciclo agrícola. Su forma circular no parece azarosa: estudios arqueológicos indican que estaba dedicada a Huehuetéotl, el Dios viejo del fuego, deidad que conectaba los ciclos de la vida con los del tiempo.

Sin embargo, la historia de Cuicuilco también es la historia de una tragedia natural. Hacia el siglo I d.C., el volcán Xitle, en la sierra del Ajusco, entró en erupción. Ríos de lava descendieron por las laderas, cubriendo campos, caminos y gran parte de la ciudad, y sellando en piedra a una civilización en pleno esplendor.
Sus habitantes huyeron probablemente hacia el norte, llevando consigo tradiciones y saberes que contribuirían al florecimiento de Teotihuacán, la futura metrópoli hegemónica de Mesoamérica. Bajo el espesor basáltico, arqueólogos del siglo XX hallaron restos de viviendas, herramientas y cerámica, testimonio de un pueblo sorprendentemente sofisticado para su época.
Hoy, la Pirámide Circular de Cuicuilco permanece como una anomalía en el paisaje urbano de la Ciudad de México, rodeada de avenidas, centros comerciales y tráfico incesante.
Los visitantes que ascienden sus rampas experimentan un contraste fascinante: el murmullo de los autos se mezcla con la sensación de caminar sobre un altar milenario, en la misma plataforma donde hace más de dos mil años sacerdotes encendían ofrendas.
No es casualidad que este sitio sea considerado el primer gran centro ceremonial del altiplano central y un antecedente directo de la monumental arquitectura mesoamericana.
Referencias:
Millon, René (1973). Urbanization at Teotihuacan, Mexico. University of Texas
Press. Piña Chan, Román (1967). Cuicuilco: una ciudad prehispánica sepultada por la lava.
INAH. Santley, Robert S. (1974). “The Neolithic of the Basin of Mexico: Evidence from Cuicuilco.” American Antiquity, 39(4).
Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Zona Arqueológica de Cuicuilco.
Por PanchoVillaMx