Porfirio Díaz y William Taft: una imagen antes de la caída del Dictador
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El 15 de octubre de 1909, el presidente Porfirio Díaz llegó a la estación de Ciudad Juárez, acompañado de su comitiva, para reunirse con su homólogo estadounidense William Howard Taft. La ciudad lucía engalanada con banderas de México y Estados Unidos, símbolo de cordialidad entre ambas naciones.
Esa misma mañana, Díaz colocó la primera piedra del monumento a Benito Juárez, y por la noche, la ciudad fronteriza celebró con música y luces una gran fiesta.
El encuentro, cuidadosamente organizado por las oficinas diplomáticas de ambos países, tenía un único objetivo: estrechar lazos y reforzar la amistad bilateral.
“Me sería muy grato —respondió don Porfirio— conocer personalmente al ilustre ciudadano que ha merecido el voto de sus compatriotas para Primer Magistrado de la nación”, expresó con cortesía, resaltando curiosamente la cualidad democrática de Taft.
De acuerdo con el protocolo, Díaz cruzaría la frontera para ser recibido por Taft en El Paso, Texas, y más tarde, el mandatario estadounidense devolvería la visita en Ciudad Juárez. Se acordó además mantener en statu quo el tema de El Chamizal, evitando cualquier discusión sobre límites territoriales. Todo sería discursos, saludos y brindis.
El 16 de octubre de 1909, en ambas ciudades fronterizas, tuvo lugar uno de los encuentros diplomáticos más significativos del Porfiriato. Bajo la apariencia de cordialidad y cooperación, México atravesaba ya una profunda crisis político-social que, meses después, desembocaría en la Revolución Mexicana.

Fuente: Serrano, Pablo. I de la Revolución (1906–1917), INEHRM, 2010.
Por PanchoVillaMx