Los mártires olvidados de Pinos Altos

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Pinos Altos, Chihuahua. 21 de enero de 1883.

Chihuahua vivió una de las primeras manifestaciones laborales del país y de América, un episodio que pasó a la historia como la primera huelga minera en México, tres años antes de los mártires de Chicago (1886).

Los protagonistas fueron mineros humildes de Pinos Altos, quienes exigían condiciones básicas de trabajo: la sustitución de dos capataces abusivos y el pago semanal en efectivo, no quincenal, ni a través de la tienda de raya, una práctica que los mantenía en una dependencia económica casi esclavizante.

Los capataces señalados eran empleados del gerente inglés John Bucham Hepburn, conocido por su trato despótico. Se dice que exigía que se le hiciera valla y que los trabajadores inclinaran la cabeza a su paso, lo que encendió el resentimiento entre los mineros.

El 20 de enero de 1883, durante un baile de gala en honor del gerente, los trabajadores intentaron hablar con él. El guardia Jesús Montiel les impidió el acceso y disparó contra el minero Manuel Rascón, quien antes de morir alcanzó a matar al guardia. Ante el suceso, los mineros se retiraron, pero la tensión ya había estallado.

Al día siguiente, el 21 de enero, los mineros se declararon en huelga general. Saquearon la tienda de raya, tomaron rehenes y exigieron la entrega de los capataces abusivos y la atención directa del gerente. Hepburn salió y, tras insultarlos, ordenó a sus guardias disparar.

En el caos, el gerente fue herido mortalmente y falleció poco después. También murieron los mineros Celso Revilla y Esteban Herrera.

La respuesta del gobierno fue inmediata y violenta. El jefe político del mineral de Ocampo, Carlos Conant, llegó a Pinos Altos con fuerzas armadas. Detuvo a cinco líderes y a 43 mineros más. Tras un juicio arbitrario, ordenó el fusilamiento de cinco trabajadores:

Blas Venegas, Cruz Baca, Ramón Mena, Jesús Valenzuela y Francisco Campos, mientras que los demás quedaron “en capilla”.

Posteriormente, el oficial Francisco Armenta, desde Uruáchic, reprendió a Conant por los fusilamientos y logró restablecer el orden, además de que se atendieran las demandas de los mineros. Sin embargo, un misterio permaneció sin resolver: una mañana aparecieron ahorcados los dos capataces en un árbol cercano al pueblo, sin que se haya sabido quiénes fueron los responsables.

Este episodio ocurrió durante el gobierno de Mariano Samaniego, pero con el paso del tiempo la memoria histórica de Chihuahua ha dejado en el olvido a los mártires de Pinos Altos, los primeros mártires del trabajo en el país.

Por PanchoVillaMx