La Batalla de San Andrés
A principios del mes de septiembre de 1916 Villa, acompañado únicamente por cinco hombres, reconoció los alrededores de la ciudad de Chihuahua. A su secretario Jaurrieta le dijo:
—Qué bonito se ve el rancho, ¿verdad? Pero debe estar bien custodiado; seguro que hierve de changos (carrancistas). Yo quiero mucho a Chihuahua. Nací en Durango, pero siento tanto cariño por esta tierra que, cuando me preguntan de dónde soy, contesto con orgullo: de Chihuahua.
Hizo una pausa, y con una mueca de rabia añadió:
—Y se me antoja… me les meto al grito.
Los ataques sorpresa eran la especialidad de Villa. Atacar la capital del estado durante la mayor fiesta nacional no solo aumentaría su prestigio, sino que también era una empresa sumamente arriesgada: él contaba con 2,000 hombres, mientras que en la ciudad se encontraban nueve mil carrancistas.
El general carrancista Treviño, confiado en el tamaño de su guarnición, no tomó las precauciones más elementales. Concentró algunas piezas de artillería en la colina de Santa Rosa y permitió que la mayoría de sus soldados se fueran a celebrar la Independencia junto con miles de civiles que llenaban las calles.
Villa planificó meticulosamente el ataque.
Mientras un destacamento principal asaltaba la penitenciaría —cuyas torres hoy aún muestran los estragos—, otras tropas atacaban el cuartel carrancista y ocupaban el Palacio de Gobierno. A medianoche, con su tradicional grito de guerra: “¡Viva Villa!”, sus hombres se apoderaron de la ciudad, y Treviño tuvo que refugiarse en la colina de Santa Rosa con su artillería.
Los testigos comentaron que Villa logró penetrar la ciudad, liberar presos, ocupar temporalmente el Palacio de Gobierno y retirarse con el grueso de sus tropas. Este episodio marcó el inicio de un periodo, de septiembre a diciembre de 1916, en el que Villa transformó temporalmente a sus fuerzas guerrilleras en un ejército regular.
Tras la conquista de la capital, Villa dirigió su atención hacia San Andrés, población con la que siempre mantuvo una relación especial y de donde provenían muchos de sus partidarios más cercanos: Los Dorados.
El 19 de septiembre de 1916, un destacamento carrancista, mayormente de Coahuila y comandado por el coronel Carlos Zuazua, había preparado una trampa. Mientras Villa ocupaba la estación de ferrocarril con unos 70 hombres, 300 soldados al mando del coronel Maultos se escondían en las cercanías para atacar la retaguardia. Sin embargo, en el último momento, Maultos se acobardó.
Zuazua resistió durante seis horas, y tras la muerte de 31 de sus hombres, decidió rendirse. Villa no mostró piedad y fusiló a Zuazua junto con sus soldados. Las tropas de Maultos huyeron hasta Coahuila.
La Batalla de San Andrés marcó el inicio de una serie de victorias que permitieron a Villa consolidar su control sobre gran parte del campo chihuahuense, a pesar de la presencia de la Expedición Punitiva estadounidense.
Don Lacho Orona comentaría sobre estos hechos:
En ese famoso 15 de septiembre, Jaurrieta cuenta en sus memorias cómo entraron desde el cerro del Mortero —hoy por la calle 28 y canal— hasta subir por la calle 11, con los caballos cubiertos por franelas en las herraduras. Y cómo Baudelio, el Güero Uribe, subió al segundo piso del Palacio de Gobierno en su caballo Flor de Durazno. Fue un ataque fantástico y vergonzoso para Treviño. Dicen que cuando Treviño salía a perseguir a Villa, siempre regresaba derrotado, y la gente de Chihuahua lo choteaba preguntando: “¿A dónde va mi general?” A lo que respondían: “Va a llevarle parque a mi papá…”
Por PanchoVillaMx