Villa no cayó en Aguascalientes: tras la derrota, mantuvo la guerra desde el norte

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Ciudad de México, 3 de agosto de 1915.– Con tono triunfalista, el general Álvaro Obregón informó al jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza, la supuesta aniquilación del villismo tras la toma de Aguascalientes. En un telegrama difundido por el diario oficialista El Pueblo, Obregón declaró que las fuerzas de Francisco Villa habían sido completamente desarticuladas en el centro del país y que la revolución armada que encabezaba el llamado Centauro del Norte estaba prácticamente acabada.

El parte militar, enviado desde Salamanca, destacaba la toma de importantes ciudades como San Luis Potosí y Zacatecas, así como la persecución y dispersión de columnas villistas en Querétaro, Tula y Jerécuaro. Según Obregón, los principales jefes rebeldes como Fierros, Panuncio Reyes, Roque González Garza, Joaquín Casarín y otros, habían sido derrotados, y el villismo ya no representaba un peligro real para el avance del constitucionalismo.

Sin embargo, la realidad fue distinta. Aunque Villa sufrió duras derrotas en el Bajío y su proyecto como fuerza nacional quedó debilitado, no fue aniquilado. El caudillo chihuahuense se replegó a las sierras de Chihuahua y Durango, donde mantuvo la guerra de guerrillas durante los años siguientes.

Lejos de rendirse, Francisco Villa continuó la lucha contra el gobierno de Carranza hasta 1920, cuando tras el asesinato del primer jefe, aceptó la amnistía otorgada por Adolfo de la Huerta. Su retirada no fue una derrota definitiva, sino una estrategia de resistencia prolongada que mantuvo vivo su movimiento durante cinco años más.

El mensaje de Obregón, más que reflejar una victoria absoluta, buscaba consolidar políticamente la imagen del constitucionalismo como fuerza dominante. No obstante, la prolongación del conflicto y la figura persistente de Villa desmintieron, en los hechos, ese supuesto “aniquilamiento total”.

Revolucionarios villistas salen rumbo a León, Guanajuato, reprografía. 1915. México, Secretaría de Cultura – INAH

Por PanchoVillaMx