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Por Jorge Cabrera Vargas.


Después del intento de los villistas de ajustar cuentas con Sam Ravel en la población de Columbus, Nuevo México, el 9 de marzo de 1916, el gobierno norteamericano envió a 4800 soldados, al mando del general John J. Pershing, a territorio mexicano para capturar a Francisco Villa. El atrevimiento de este, por haber incursionado en suelo norteamericano fue una afrenta imperdonable para los estadounidenses.


La llamada Expedición Punitiva, formada por 4,800 soldados entró a territorio nacional el 15 de marzo de 1916, posteriormente la cifra aumentaría a 12,000 hombres bien armados y apoyados por camiones blindados, motocicletas, aviones y dirigibles.
Villa se volvió invisible para los norteamericanos, de nada sirvieron los pertrechos de guerra, ni la ayuda de guías apaches y algunos norteamericanos que habían luchado al lado de Villa en la revolución.


Se piensa erróneamente que esta expedición, que resultó más que desastrosa para Pershing y sus hombres, fue un ensayo para la entrada inminente de los norteamericanos a la Primera Guerra Mundial.


Estados Unidos se declaró neutral al inicio de la guerra en Europa, el 28 de julio de 1914. Ante el ataque de submarinos alemanes a barcos mercantes y el hundimiento del trasatlántico británico Lusitania, donde murieron 1,198 personas, entre ellos 128 norteamericanos, continuaron neutrales al conflicto.


El envío del telegrama Zimmermann, por parte de los alemanes al gobierno de Carranza el 16 de enero de 1917, el cual fue interceptado por el espionaje británico, fue lo que decidió la entrada de los norteamericanos a la Primera Guerra Mundial.


El 5 de febrero la Expedición Punitiva se retiró de México. El general Pershing fue designado jefe supremo de las Fuerzas Expedicionarias Estadounidenses en Europa, que llegó a contar con un millón de soldados.


Se tomó la decisión de no enviar equipo de ninguna clase, apoyándose en los abastecimientos británicos y franceses.
Ningún aviador de la Expedición Punitiva participó en la gran guerra, sus aviones y mucho menos los dirigibles no servían para las batallas, dependieron de las naves de los aliados.


En mayo de 1918, los estadounidenses participaron en la primera batalla, de esta fecha hasta el final de la guerra el 11 de noviembre del mismo año perdieron 160,000 hombres; incluyendo 234, 000 heridos.
La Primera Guerra Mundial se peleó en las trincheras y en muchas ocasiones a bayoneta, de nada sirvió tanto despliegue de armamento en México.


Pershing consideraba a las trincheras de mucho desgaste moral y de gran perdida de vidas, no llevo a cabo las tácticas usadas por los aliados, no permitió que estos intervinieran directamente en las ordenes del ejército bajo su mando, prefería enviar grandes cargas de infantería contra el enemigo, apoyadas por el fuego de la artillería, eso si lo aprendió en México, lo aprendió del general Francisco Villa.