Tomás Urbina, víctima del “periodismo de ficción” de El Pueblo

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Divide y vencerás”. El viejo refrán también fue la base del llamado periodismo de ficción, característico del vocero oficial El Pueblo. Noticias falsas, calumnias sin pruebas y relatos tendenciosos se convirtieron en el estilo propagandístico con el que este diario atacaba a quienes consideraba —junto con el régimen— enemigos del constitucionalismo.

En esa línea, la mañana del 18 de agosto de 1915 la figura del general villista Tomás Urbina fue puesta en el banquillo, acusado de asesino y reaccionario. El periódico lo retrató con un lenguaje encendido, más cercano a la novela negra que a la crónica histórica:

“Tomás Urbina, célebre competidor de Francisco Villa en ferocidad, era un hombre casado y padre de cuatro hijos. La revolución despertó en él los instintos de la fiera. El odio hacia su esposa terminó en asesinato: una noche, de los brazos de su hijo menor, la arrancó y le vació la pistola, dejando a cuatro huérfanos junto al cadáver de su madre. Poco después, contrajo matrimonio con su amante y celebró la unión en un salón de baile, mientras el cuerpo de la primera esposa era velado a la luz de cuatro cirios”.

Con este tipo de relatos, El Pueblo buscaba manchar la reputación de los villistas, caricaturizándolos como sanguinarios sin honor.

De compadres a enemigos

Más allá de la propaganda, la relación entre Francisco Villa y Tomás Urbina está bien documentada en la historiografía. Paco Ignacio Taibo II, en su biografía narrativa de Villa, recuerda que ambos se conocieron en San Bernardo, Durango, hacia 1903. En aquellos años, Villa atravesaba un periodo de transición: había cambiado su nombre y buscaba rehacer su vida, aunque las duras condiciones de la sierra lo mantenían entre el trabajo legal y el bandidaje.

Fue en ese contexto que Villa se asoció con Urbina y otros compañeros, como Eleuterio Soto y Sabás Baca, para robar ganado de las grandes haciendas y venderlo en los rastros. Urbina, mestizo tarahumara originario de Congregación de las Nieves, Durango, era ocho años mayor que Villa.

De aquella etapa, Villa dejó plasmada una anécdota que mostraba la cercanía con su compadre:

“Más tardábamos nosotros en desmontar, que los rurales en aparecer de nuevo a lo lejos y obligarnos a reasumir la jornada angustiosa […] Los caballos se nos caían de fatiga. Mi compadre Urbina, más y más rendido, cabeceaba a ratos hasta zafarse de la montura”.

Sin embargo, la amistad terminó de manera abrupta. El 15 de septiembre de 1915, convencido de la traición de Urbina, Villa ordenó su muerte. Según la tradición oral, su último diálogo fue breve y desgarrador:

—¿Por qué ya no quiso seguir conmigo, compadrito?

—Porque estoy muy cansado.

Epílogo

Más allá de los relatos de propaganda, Tomás Urbina fue un personaje complejo: militar, revolucionario y compadre del Centauro del Norte. Su destino, marcado por la violencia y la traición, refleja las tensiones de una Revolución Mexicana donde la línea entre la lealtad y la muerte era tan delgada como el filo de un machete.

Tomás Urbina, militar y revolucionario. Retrato ca. 1914. © (651703), México, Secretaría de Cultura – INAH – Sinafo – FN.

Por PanchoVillaMx